Exaudi Vocem Meam

Exaudi Vocem Meam alude a un himno religioso que se reza en el oficio de difuntos. Empieza así: De profundis clamo ad te, Domine... Domine! Exaudi vocem meam... Estas tres últimas palabras vienen a significar, escucha mi voz, atiende a mi llamada. No tiene sentido religioso en este caso, lo que se busca es... difundir el mensaje de esta alma solitaria en medio del Jardín Salvaje.

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Lugar: Algemesí, Valencia, Spain

lunes, mayo 24, 2010

La carnicera "fiesta nacional"



Este fin de semana nos espeluznábamos con la repugnante imagen de la cogida del torero Julio Aparicio, que es como para no dormir en mucho tiempo. Todavía me estaba acordando de la reciente cogida de José Tomás en México y de mi pensamiento perverso, pero lúcido -¡jódete, payaso!- al respecto, y no es que me guste la desgracia ajena ni ponga al animal por delante de la persona pero... a lo que vamos.

Al toro le faltó sólo girar un poco el cuerno para arrancarle la mandíbula de cuajo. Eso sí que hubiera sido como para traumarse para siempre. Estaba yo preguntándome, ¿por qué no aprenderá nadie lo repugnante y carnicera que es esta "fiesta nacional", como la llaman los españolicos profundos, los derechillas y demás dinosaurios, a la vista de semejantes imágenes? El animal no les importa un carajo, ya lo sabemos... ¿pero es que tampoco les importará la persona?

Pues no. Hoy en "las Mañanas de Cuatro" he tenido ocasión de ver esta nota: "¿No deberían censurarse estas imágenes que perjudican la imagen de nuestra fiesta nacional?". Indignante. Importa la fiesta, la carnicería, no la persona que casi ha acabado destrozada. Respuesta a la nota: no deberían censurarse y ya no sólo en aras de la libertad de expresión, sino porque se mire por donde se mire, la fiesta nacional es repugnante, sangrienta, cruel e inútil. Y mira, a veces, no sólo para el animal.

Parece que esta sociedad inútil no aprende. Ha habido muchos toreros muertos por el animal. Algunos, de forma tanto o más espeluznante que la dicha foto (Granero, El Lillo), pero está claro: ni el animal ni la persona importan mucho, en aras de la conservación de este "bien cultural". Un bien cultural que se destaca, no sólo por la violencia y crueldad gratuita para con un animal, sino que vive imbuido de un machismo aberrante donde el torero, matarife de turno, hace gala de un "valor viril" y que encima sale de las cogidas y revolcones del animal como un héroe, sino como un mártir. Leñe, que faltan los angelitos bajando del cielo trayéndole la palma de la victoria.

Y no se engañe nadie, que yo no soy de las antitaurinas acérrimas. Ni voy a manifestaciones ni me encadeno a las farolas. Incluso en mi adolescencia he asistido a alguna corrida de toros en mi pueblo natal, donde son fiesta destacada. De hecho, suelo anteponer el ser humano al animal en mis reflexiones cotidianas. Pero de ahí a aceptar esta asquerosidad de fiesta nacional, bárbara, atrasada, machista, incomprensible a estas alturas de progreso en derechos humanos y de los animales, hay un trecho. 

Se podrán inventar las tonterías que quieran para justificarlo. La más oída de todas, "es que si no, esta raza de toro bravo se habría extinguido". Claro, la habríais dejado extinguir porque si no son para lidia, no les ven ninguna utilidad al animal. Criar animales para la tortura y la muerte. Así hacen las ganaderías su negocio. Abolida la "fiesta nacional", se acabó el beneficio. Luego el toro, a la extinción.

Que no les importa nada el animal, ya se sabía. Pero que encima no les importe la persona, es el colmo. Una imagen como ésta debería bastar para ir pensando seriamente en acabar con esta barbaridad inútil. Pero no. Somos gilipollas. Y él también. Volverá al ruedo, a seguir matando toros, y le aplaudirán como a héroe. Lo peor es que si lo hubiera matado, lo mismo daría. Así nos va.

sábado, mayo 22, 2010

Practicum: II República y recuperación

No es que tenga intención de escribir todos los días una nota sobre mis prácticas, pero es que no dejo de darme cuenta de cosas que me llaman bastante la atención.

Hoy la clase empezaba a las 8 y los chavales de Historia de España, en 2º de Bachiller, coincidiendo con que hoy es 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, empiezan precisamente este tema. Ni pintado. Claro que una cosa es recalcarles el dato y otro que les interese. De nuevo instalada de observadora al fondo de la clase, lo que observo es el contraste con la clase de ayer: éstos ya van siendo más mayorcitos, y están callados y quietos. No se oye más que la voz de la profesora, soltando un fascinante rollazo que, si bien no tuve nunca la suerte de alcanzar cuando yo iba al instituto, a la media hora hasta a mí me está haciendo bostezar, con lo progre que soy, y es que las 8 de la mañana son las 8 de la mañana, ahora, y en la España republicana también.

Tanto más cuando observas que la profesora muy innovadora no es... ya que se limita a leer sus propios apuntes. Pero no seamos crueles, la verdad es que no explica nada mal. Eso sí, me está empezando a entrar una modorrita... menos mal que estos no se giran, deben de tenerme miedo.

Aquí tenemos a cuatro chavales -tres chicas y un chico- haciendo un examen de recuperación sobre la España isabelina. Acaba la clase y ellos no han acabado, así que me toca hacerme cargo. Bajamos al departamento de Geografía e Historia y me quedo sola con ellos, mientras van acabando.

- Esto... ¿nos dejas sentarnos juntos? - dice el chico, atónito.
- Claro. Eso sí -recalco- ni se os ocurra copiar.- y sonrío, que no es plan en primeros días ya ganarme la fama de bruja. Eso ya vendrá, seguramente, con los de ESO.
Y vaya, que no les veo copiar ni moverse para nada. Se portan espantosamente bien. De vez en cuando levantan furtivamente la mirada por si casualmente habré dejado de vigilarlos -que no- o piden un folio. El chaval, Leo se llama, se queda el último.

- Es que yo tenía que escribir más que nadie.- se queja, a lo cual yo le tranquilizo porque le sobra tiempo y en ningún caso me voy a mover de allí hasta que acabe.

Era mentira, por cierto. Sólo tenía que responder a una pregunta, mientras que sus compañeras llevaban varias. Aprovecho para mirar los exámenes que me van entregando, cosa que le parece muy graciosa a Leo -seguro que después ha ido a decir, ey, la de prácticas nos fisgaba los exámenes- y veo que tristemente, y en general, están bien, pero son una copia literal del libro de texto, empollado de memoria. No hay innovación. 

Más tarde me encargo de pasar las faltas de asistencia a la plantilla digital del instituto -comprobando que el 18 de marzo hubo una pelada general, aprovechando la inminente llegada de las fallas- y veo corregir y poner notas a la profesora, o mejor dicho, sentenciar a muerte...

- Mira ésta, qué lástima, bueno, ya no hay nada que hacer con ella...
- ...
- ¿Y has visto este? Me ha entregado el mismo trabajo que hizo el trimestre pasado. Me ha tomado por tonta. Se va a enterar...

Y el boli rojo entra en acción, ilustrando comentarios y puntuaciones nada optimistas. La verdad es que aunque los trabajos tienen realmente mala pinta, los chicos me inspiran compasión. 
Señal de que todavía tengo mucho que aprender.

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miércoles, mayo 19, 2010

Practicum: El día primero

La verdad es que me esperaba algo infinitamente peor para el primer día de prácticas. Será que una ya viene pensando en eso. Por eso te sorprendes cuando te tratan tan bien, te reciben como en bandeja de plata y te enseñan el procedimiento a seguir. No tengo quejas, de momento, ni de mi centro de prácticas (el IES Sant Vicent Ferrer, en Algemesí) ni de mi coordinador, ni mucho menos de la tutora que me ha tocado.



De hecho el primer día ya he entrado en clase, aunque se me daba la opción de no hacerlo. Si se está para esto, cuanto antes se empiece, mejor. De momento no impartiré yo las clases, estaré de observadora y colaboradora. Por poco tiempo, me propongo.


Y aquí está, el grupito de 11 galopillos de cuarto de ESO. Cuando entro siguiendo a la profesora la mitad están de pie, tirándose bolas de papel, y un lesionado usando una de sus muletas para jugar a esgrima con un compañero que empuña la otra. Qué monada. Parece una escena típica de "La Clase".

- Los de cuarto de ESO son delincuentes.- sentenciaría más tarde, en formato solemne, mi hermana Elena; que con 18 años recién cumplidos está repitiendo por segunda vez el Bachillerato, fuma a escondidas en el balcón, se escapa de sus clases y vuelve casi de madrugada de sus fiestones nocturnos. - Felizmente, yo no soy como ellos.- recalca, toda orgullosa.

Pues estos pequeños "delincuentes" no dejan de pegarse con las muletas ni de tirarse bolas de papel cuando entra la profesora, pero sí cuando lo hago yo; y se quedan mirándome atónitos mientras ella me presenta como estudiante en prácticas. Claro, es la novedad. Mientras vuelven a sus sitios decido instalarme al fondo de la clase, detrás de ellos, para no coaccionarlos con mi presencia -me interesa que se porten de forma normal, no que actúen- y ya estamos con la primera lección: causas y consecuencias de la Gran Guerra, mal llamada Primera Guerra Mundial.

- ¡Joer profe, que eso ya lo vimos ayer!
- Sí, pero hoy toca repaso.
- ¡Joer, qué rollo!

A pesar de las protestas la clase se desarrolla con normalidad: la profesora hablando a gritos, este que se levanta, el otro que juega con la llave de su moto, la chica dibujando corazones en su libreta, la alumna magrebí de Compensatoria que se gira a mirarme y se ríe como si encontrara graciosa mi presencia allí, la que responde a la primera todas las preguntas...

- Bueno, ¿alguien me dice los países que se mantuvieron neutrales? - entona la profe.
- ¡Yo, yo, yo!
- A ver Yasmina, hoy dejamos que conteste otro. ¿Christian?
- ¿Mmmm?
- Países que se mantuvieron neutrales.
- Estooooo.... España... y Madrid.

Coro de carcajadas. Por cierto, acabo de ver que hay otro alumno magrebí detrás de la chica, pero no se mueve, no habla, no pestañea. ¿Se habrá muerto? 

A pesar de que Madrid no es un país neutral exactamente, la verdad es que los chicos no se portan nada mal. Arman barullo, se gritan unos a otros, cortan a la profesora, pero están atentos y responden. Mis clases de la ESO eran un cementerio de silencio donde solo hablaba el profesor y nadie le escuchaba. Prefiero esto, la verdad. 

Cuando acaba la clase los chicos salen escopetados -y constato que el alumno que creía muerto no está muerto, sino que se mueve, para irse, claro-, salvo la alumna magrebí, que se queda un rato enseñando los ejercicios -ligeramente diferentes- que hace para adaptarse al ritmo de la clase. De nuevo me mira y se vuelve a reír. ¿Tendré monos en la cara?

- Oye, se han portado sorprendentemente bien.- me razona la profesora al acabar- No me lo esperaba. Si son unos trastos...
- Será que estaba yo.

Sí, pero, en cuanto se acostumbren, ve despidiéndote, Anita...

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martes, mayo 18, 2010

Experiencias en Granada: La guía faltona



La verdad es que detesto los viajes organizados. Te salen más baratos y ves más cosas, pero tiene el inconveniente de ir en grupo -con todo lo que ello implica- y el peor mal de todos los males, tener un guía que, la mayoría de las veces, meterá la pata constantemente, hablará por los codos convencido de que está rodeado de idiotas y encima creerá que hace un buen trabajo, sin sospechar que puede tener entre sus oyentes a un licenciado en Historia que se quedará atónito ante sus burradas pensadas y dichas.

Yo no pedí ver la Alhambra con guía, pero al parecer venía incluida con la reserva. Claro, tenía que ser una tía imbécil y prepotente que creía que éramos todos lerdos. Nota mental: la próxima vez, prefiero no enterarme de nada a soportar un guía.

- Y bien, queridos acompañantes, que sepan que soy de Historia del Arte y que he dado clases, así que...

Ya estamos. Me van a perdonar mis compañeros de Historia del Arte, pero en el gremio de los historiadores eso significa, bueeeeeno, agárrate que viene curva.

-... ¿aaaalguien sabe en qué año nos invadieron los árabes?

La primera en la frente, chata. Bueno, no voy a aburriros ahora con detalles acerca de por qué ni fue invasión, ni fue árabe. La Alhambra está en manos de una indocumentada desfasada y llena de clichés. ¿Hace cuánto no pisas una biblioteca, querida?

- 711.- respondo en voz en alta, y no sé ni por qué. ¿Valía la pena gastar saliva con ella?

- ¿Queeeee?
- ¡711! - berreo, ya a coro con otros visitantes.
- Aaaaaahhhh ya veo que nos lo sabemos ehhh? Muuuy bieeeen...

Y a continuación, ¡BUM!, la catástrofe...

-... menos mal que ustedes lo saben, por que los jóvenes de hoy en día no saben nada de Historia, de verdad, ¡y los que menos los licenciados en Historia, son inútiles del todo!

Un coro de risas acompaña el comentario, y yo, que ya había desviado la atención, me giro lentamente y me quedo mirando atónita. ¿Qué ha dicho esa hija de la gran pu...???

- Lo sé bien, eh, que tengo alumnos en clase, y ¡mira! No saben nada, pero en la facultad aún menos...

¿La mato o no la mato? Mientras medito los pros y los contras, mi acompañante, que ha visto la expresión de mi cara, me dice, déjalo, mujer, no vale la pena, que parlotee... al final del viaje ya no sería tan diplomático, como veremos.

Así que me trago una respuesta bien ácida y me dedico a ir siguiendo el grupo por no perderme, pero ignorando las tonterías de la guía, cuyo conocimiento de la Alhambra se resume en recitar poemas de autores de los siglos XIX y XX acerca del monumento. Que si Lorca dijo esto de esta sala, que si Irving escribio aqui sus cuentos... ah, y un montón de leyendas y cuentos típicos, que si la concubina mora enamorada del caballero cristiano, que si la sultana que se tiró por la ventana... documentación historiográfica: 0%. Charlatanería: 100%.

Soy perfectamente consciente de que yo sueno todavía más pedante que la persona a la que estoy criticando, pero los que sean historiadores me comprenderán. Y es que cuando llevas muchos años oyendo "y eso que estudias para qué sirve", "vaya carrera más inútil", "licenciada en libros viejos y verborrea interminable", "pero si tu marido ya te mantendrá", "pues la hija de no se quién ha hecho tal cosa, y mira, tú aquí dando que hablar", "pero con eso vas al paro", "¿y qué te van a pagar?"...

Una se queda bien calentita, que ya son años, y aún no hemos empezado como quien dice. Por eso mayormente viene tocándote las narices que una señora que sabe la mitad y cobra el doble que tú -que no cobras nada todavía- se permita hablar por hablar a cambio de no hacer nada, porque chavales, yo también sé recitar a Lorca y contar cuentos de princesas y guerreros.

Dios, líbrame de los guías en lo sucesivo, o no respondo.

lunes, mayo 17, 2010

Experiencias en Granada: La gitana del romero


En los alrededores de la Catedral y la Capilla Real de Granada existe una fauna muy peligrosa que todo turista debe conocer y tener en cuenta: las gitanas del romero.

Sí, al principio, parecen inofensivas, e incluso dulces. Se acercan a ti, ay morena, qué bonita eres, ven que te traigo musha fortuna, musha buena suerte, ven acá, preciosa... y tú que no, señora, déjeme, pero qué diablos, cómo se me ha metido la vieja por delante, no me deja pasar, y ella blandiendo la ramita de romero delante de ti, vente hija pacá, que te tengo fortuna, musha musha buena fortuna...

Y mientras piensas cómo te la quitarás de encima, de repente te agarra la mano y sin comerlo ni beberlo te está estrujando la palma hasta triturártela, hoja de romero incluida, y siguiendote las líneas de la mano, mira hija, morena bonita, mira que te veo, te veo musha fortuna, musha salú y felicidá; y yo, por Dios, esta mujer me está clavando las uñas en la mano, socorro; e invocas a todas las santas mártires en tu ayuda, pero ellas, que son muy chistosas, en lugar de ayudar le cargan el muerto a mi novio, que felizmente llega y queriendo soltar mi brazo de la gitana dice, pero señora, qué hace, que la deje, que no queremos su puñetero romero ni su puñetera fortuna, pero qué diantres, te tiene agarrada, señora, que no me oye, que la suelte...

A todo esto la gitana sigue murmurando parabienes y bendiciones y ya la llevo arrastrando como veinte pasos por la acera; Santa Bárbara, fulmínala o algo antes de que me deje marca, por Dios cómo araña la bruja... entre mi novio que tira de un lado y ésta que me tira del otro, me van a descuartizar.

Al final sobrevivo y salgo huyendo con la mano toda arañada de uñas de gitana. Moraleja: cuidado con la gitana del romero. En los días sucesivos que oí la frase, ay morena bonita... salí por patas antes de caer atrapada otra vez. Piernas, para qué os quiero.

domingo, mayo 16, 2010

San Dominguín de Val y otras miserias


A nadie le gustan los empollones. Esto es algo que una ha podido constatar a lo largo de esa larga y triste infancia que pasó sentada en un pupitre y encogida esperando la próxima bronca del próximo compañero de clase que seguramente no tenía nada mejor que hacer. Se habla mucho desde fuera del punto de vista del empollón, que si son pesados, que si son pelotas, que si sólo quieren destacar... ¿quién habla desde el propio punto de vista del empollón? Nadie. Y menos yo, que ya no me parezco a aquella niña que acabó por callarse en clase para evitar males mayores, cayendo en males menores como test psicológicos y gente cualquiera metida a psicoanalista tratando de convencerte de que tus escasas habilidades sociales son culpa tuya y de nadie más. Habla más, participa más en clase, niña. Estás muda o qué.

Por suerte nada es eterno. El otro día en clase de postgrado estábamos analizando una imagen de un libro de texto infantil de la época franquista y comentando -más bien escandalizándonos- de los referentes históricos y heroicos -manipulados- con que el régimen adoctrinaba a sus ovejas. Y he aquí que entre la pobre Santa Teresa y el dichoso Viriato surge Dominguín de Val. Una mano se levanta en clase.

"¿Quién es este tal Dominguín de Val?"
"Pues naturalmente, Santo Domingo, el de los dominicanos", contesta la profesora.

Ping. Se encendió la luz. Una se pone recta en su asiento. ¿Qué acaban de oír mis oídos?
"No es eso que dice la profesora. Se ha equivocado" comento a mi mesa.
"Pues díselo".

Debería decírselo. Me digo que llevo cinco años callada en clase, aburridísima de esta interminable carrera, dedicada al obligado "culto al profesor" que es la Universidad. Soy indulgente. En realidad, llevo más años que ésos callada, sin atreverme ni a levantar la mano, ni a preguntar, ni a aportar. Muda de oficio, no sea cosa que aparezcan de nuevo las miradas desdeñosas o ese maldito alumno que se esperaba al final de clase para ajustarte las cuentas por empollona. O que a veces ni se esperaba.
Ya es hora de salir de esa mierda. La empollona se murió, la mataron entre todos.
La que queda tendrá que vengarse por ella.

Llamo a la profesora. Aparte, mientras los demás hablan. "Me sabe mal decírtelo, mujer, pero te has equivocado... el tal Dominguín de Val no es Santo Domingo, el de los dominicanos" -y no vamos a rayarnos con que hay más de un Santo Domingo, otro día será-...
Un niño de coro, zaragozano, víctima de unos rituales sangrientos de un grupo de judíos, que junto con otros tantos sirvió para justificar el antisemitismo medieval, todavía presente en los libros de texto del régimen de Franco. Una barbaridad.
La profesora, sorprendida, se yergue.
"Entonces es todavía peor de lo que me imaginaba".
Ya no habla nadie. Todos me miran. Socorro. Pero no identifico las miradas hostiles de antaño. Sorpresa, nadie quiere matarme. Por suerte el tiempo pasa y nos hacemos adultos, y cambiamos un tipo de crueldad por otro, pero felizmente no hay mal que cien años dure.

Al otro lado del espejo, muy lejos en el tiempo y el espacio, la niña empollona sonríe.
Está vengada.

viernes, mayo 14, 2010

El machista fenómeno Moccia

Cuando pillé aquel libro tirado en la estantería de mi hermana ("Tengo ganas de ti", de Federico Moccia) pensaba que iba a encontrarme con el típico cuento de tonto amor adolescente, al estilo Crepúsculo. Lo que no sabía es que me iba a escandalizar tanto. Este nuevo "fenómeno literario" es lo que están leyendo las adolescentes de hoy en día, y hasta una película se ha hecho. Horror.

Lo venden como una bonita historia de amor entre jóvenes de Roma. Me gustaría saber dónde está el amor en un relato de un machismo tan aberrante. Una no quiere entrar en topicazos como "es que los italianos son así, de puteros y de machistas", pero viendo cómo escribe el tal Moccia -cuya foto en la contraportada del libro me recuerda más al típico proxeneta que a un escritor- te acabas rindiendo al topicazo.

El protagonista, un tío que se las da de muy macho, es el típico macarra de playa que lo arregla todo a hostias. Las mujeres del libro, todas aspirantes a putas -por práctica, que no por oficio- o putas ya en potencia, giran en torno a él o a tipos como él, porque claro, no hay más aspiración en la vida que mamársela a un asqueroso que luego contará a carcajadas entre sus amigos cómo la mamabas. Todas las mujeres son descritas y valoradas únicamente en relación a su apariencia física -las guapas, exaltadas, y luego folladas, claro; las feas, bajitas, gorditas, ridiculizadas sin rubor alguno. En la descripción de tíos no se entra, salvo de los perdedores, claro -todos escasamente dotados en su área genital, como toca-.

Las situaciones se suceden una detrás de otra. Que si empieza a ligarse a una chica y mientras tanto va a tirarse a otra -hay que entrenerse mientras la primera cede, no vamos a estar en ayunas-; que si trabaja en una agencia de publicidad donde los jefes se la hacen chupar por las aspirantes a un puesto de trabajo, que si le rompe la cara a hostias al amante de su madre porque "ha violado el vientre que lo engendró" -claro, tu madre también es propiedad tuya si eres un buen macho italiano-; pero en cambio, poco le falta por aplaudir la infidelidad del marido con la mujer -estúpida zorra, ni se da cuenta de que le ponen los cuernos-, y mientras tanto, se siguen sucediendo diálogos donde se presume a carcajadas del sometimiento forzado de una que no quería sexo, de otra que toma éxtasis y es asaltada en una fiesta sin saber siquiera quién se le echa encima, de chistes de mal gusto y conversaciones que supuestamente son románticas, pero que acaban reflejando lo que acaban reflejando: he decidido que seas mía, luego eres mía, hago lo que quiero contigo, y andando. ¿Qué te pasa, bonita? Anda, cállate y cómeme este Calippo relleno de crema.

Y finalmente, una apología de la violencia. El resolver las cosas a puñetazo limpio. El quedar muy macho partiéndole la cara a cualquiera que te mosquee sólo un poco. Claro, eres el hombre. Enséñale a los demás lo que vales, el pacifismo es para perdedores.

¿Eso es una historia de amor? Para colmo, tenemos perlas como ésta, que el autor le dedica a todos aquellos hombres que tratan a las mujeres como personas y no como ganado:

"Me cago en todos esos tíos que hacen que las mujeres se preocupen (de que se aprovechen de ellas). Pedazos de mierda que nos habéis estropeado el patio, cobardes incapaces de conquistar, seres inútiles en este espléndido mundo".

¿Qué bonito, no? ¿Dónde puñetas está el jodido Ministerio de la Igualdad cuando hace falta? La señora Aído realizando ante medio mundo el ridículo más espantoso con absolutas nimiedades, y he aquí este libro repugnante, desagradable, atroz, difundiéndose entre las adolescentes españolas, que aprenderán muy bien la lección de no ser más que ganado para los machos ibéricos. La literatura debe transmitir valores, respeto y civismo, y éstos no los veo por ningún lado en este supuesto éxito literario. Ahora por lo visto, te publican cualquier cosa, mientras venda, claro.